La No-competición en el Yoga Ya desde el mero punto de vista de la salud “física”, el hecho de guiarse por el principio de la competición acarrea fastidiosas consecuencias. Las personas de tipo “competitivo” (tipo A de Friedman) están mucho más expuestas de lo normal a las afecciones cardíacas. En cambio, las personas que toleran los acontecimientos y
a otros individuos corren menos riego de contraer angina de pecho o tener un infarto. En el campo de la química de la sangre, el Dr. Quinlan ha descubierto que los triglicéridos, el colesterol y la respuesta insulinémica a la glucosa eran significativamente más elevado en las personas del tipo competitivo.Pero ¿qué es no competir? ¿Es posible? ¿Es recomendable?
Consiste en la verdad respecto de sí mismo y de sus posibilidades o necesidades actuales, verdad que se acepta igualmente en las relaciones con el otro. Consiste en no forzar las posibilidades con el fin de aventajarle si uno se compara con él, lo que no quiere decir que se renuncia a ellas por miedo a ser “competitivo”:
subrayaba Gandhi, que cultivar la humildad viene a ser cultivar la hipocresía...Con todo, insiste en el hecho de que no puede existir no-violencia cuando queremos ponernos encima de los demás.Ahora bien, vivimos en un mundo “científico”. Toda su trayectoria se basa en la voluntad de poder, pues la ciencia moderna sirve para explotar la naturaleza y, por lo tanto, al hombre (en cuanto que forma parte de ella). El yoga, por el contrario, se fundamenta en la voluntad de presencia.
Ese ideal de armonía con la naturaleza, de integración con el orden universal, se opone de manera significativa a las orientaciones prácticas de los núcleos tecno-industriales.
Practicar el principio de no competir sería un ideal bastante inasequible, pero no lo proponemos más que para el tiempo que duran la práctica de yoga, de la misma forma que se propone el principio de competición en la casi totalidad de los deportes. Veremos que los ejercicios de yoga favorecen la aparición de esta actitud, no-competitiva.
El Dr. Martín resume el conjunto de la literatura médico-psicológica y criminológica relativa a las causas de los comportamientos “anormales” o “antisociales” diciendo:”Esta literatura hace hincapié-entre otros factores importantes- en las presiones sociales derivadas de una sociedad competitiva y regida por el poder, en las relaciones familiares insatisfactorias , en el conflicto emocional y en la motivación inconciente.
Todo esto ya ha demostrado ser el origen de la mayoría de las enfermedades mentales”. También afirma que la estructura de la sociedad, el tipo de vida colectiva y familiar que genera y la calidad de sus relaciones personales son, en último análisis, una cuestión de actitudes mentales basada en un sentido de valores, ya sean buenos o malos. En nuestra sociedad, un modo de vida competitiva y centrada en si mismo está en constante conflicto con los principios de la cooperación. El deseo de poder y dominación niegan permanentemente el hecho de que formamos una familia humana y de que debemos aprender a amarnos y ayudarnos los unos a los otros”.
En nuestra cultura, el grado de existencia de cada individuo se mide por el rango jerárquico que ocupa en una multitud de sistemas de grupos que se entremezclan, se amalgaman o se combaten. Es un sistema de valores alienante, en el que las personas no exiten más que en términos de poder o de tener, de apariencia y de saber,,etc ¡Un sistema de valores progenital! (E. Fromm).No se trata, por supuesto, de ensalzar lo contrario: la miseria, la ignorancia y la ignominia (aunque, esta vez “el que pierde, gana”...). Solo el hombre que no se erige en posesor de su propia naturaleza, de su propio yo, y que, por tanto, no lo exalta ni lo aliena, solo ese ser humilde recorre el “camino de la paz” y accede a una realización verdaderamente humana.
La competición puede convertirse en alienación cuando, por su intermedio, no busco expansionarme sino probar que soy el más fuerte, el más digno de amor, el más competente, etc.
El otro, llega a ser el patrón de medida con el que me comparo; desde entonces, dependo de él y me hago la ilusión de que me rijo por el mío propio.
Al definir la actitud “productiva”, Eric Fromm indica que consiste en darse nacimiento a uno mismo. Esa labor no se termina nunca, pues “incluso en las mejores condiciones, el hombre muere siempre antes de haber nacido totalmente”. Para él, la actitud “productiva” no se puede medir por sus resultados tangibles, bien mirado, sus frutos sobrepasan a los que podría haber engendrado una actitud diferente (receptiva, explotadora o mercantil). Vista de este modo, la actitud “productiva” concierne al “carácter del hombre, no a su éxito”.Fromm señala también que esta aptitud para realizar las potencialidades humanas y utilizar armoniosamente sus poderes puede desarrollarse más cuando se atenúa la actitud “autoritaria-dependiente”, puesto que la autoridad y la dependencia tienen entre si la misma relación que el sadismo y el masoquismo.
Adler ha sabido mostrar en toda su obra la importancia del fin que implicitamente se persigue en cuanto a la patología o a la realización humana. La voluntad de parecer superior a los demás está ciertamente muy difundida. Más que de voluntad, muy a menudo, se trata de un reflejo, de una actitud fundamental a veces desconocida incluso para el mismo sujeto.
Ejercitarse en practicar una actitud diferente tiene incontestables efectos ( ¡y más dichosos!) sobre el comportamiento y la vida interior de quienes lo intentan.
La sesión de yoga busca explícitamente la adquisición de una actitud
no-competitiva. Esta explicación puede se ser verbal; si lo es, exclusiva o primordialmente, surtirá el mismo efecto que todos los consejos que un asesor no aplica con respecto a si mismo. Por lo mismo, debe ser igualmente no verbal, es decir, que el profesor o la profesora tienen que intentar comportarse de una forma no competitiva. En otras palabras, deben aceptarse a si mismos, en cuanto objetos de su propia acción ceñida a sus verdaderos límites.Los alumnos son con frecuencia muy sensibles a la dificultad de los ejercicios. A menudo lo expresan en las primeras sesiones o incluso antes de comenzarlas. El señor M. declara, por ejemplo, que “es difícil, no se pueden hacer completamente todos los movimientos”. Con el pretexto de no competir, no debe abolirse o embotar la tendencia a hacer mejor los ejercicios para sacar más partido de ellos. Así pues indicamos que la ejecución perfecta de una postura consiste en aproximarse, no en alcanzar necesariamente, a la que representan los esquemas, las explicaciones o la demostración del profesor, y que el esfuerzo por lograrlo no tiene que ser exagerado ni realizarse con nerviosismo o tensión, sino en la medida de las posibilidades de hoy o, mejor de ahora mismo (que no son, por fuerza, mayores que las de la víspera o de las de hace un momento).
La postura del loto, por ejemplo, puede prepararse por medio de toda una serie de asanas útiles por si mismas y encaminadas a la obtención ulterior del loto correcto.
Si una clase deja al alumno tenso y fatigado, le explicamos que probablemente ha querido forzar demasiado las cosas y que hubiese sido preferible que luchase menos contra si mismo. El grado de perfección yóguica no puede medirse por el grado de perfección observable,de acuerdo con Krishnamurti; incluso me parece útil precisar a los “adeptos” del yoga que la “liberación puede alcanzarse, en cualquier grado de evolución, por la persona que comprende, y que no es esencial adorar los grados como vosotros hacéis. Del mismo modo que existe un esnobismo mundano que respeta los títulos de la aristocracia, vosotros practicáis un esnobismo espiritual; no hay gran diferencia entre ambos. Es preciso que desarrolléis vuestra comprensión y vuestro deseo de liberaros y que olvidéis todos los estudios y personas que atraviesan por ellos ¿De que os sirven a vosotros?No se trata de ir subiendo los pedaños de una escalera, sea cual sea la naturaleza de sus escalones; una diferencia radical separa, pues, los deportes en su concepción occidental y el yoga.
La adquisición de un espíritu no competitivo a través de la práctica del yoga requiere siempre mucho tiempo, incluso en el caso de la simple observación.
El señor R. Quiere hacerse valer en la institución mediante hazañas deportivas y proezas espectaculares. Al mismo tiempo, padece ciertas deformaciones congénitas menores y trata de ocultar una malformación genital (criptorquidia) que probablemente es más cruel para el.
Tras una única clase, renuncia: el profesor había insistido en que no sobrepasase sus posibilidades. Al año siguiente, al llegar una profesora de yoga, a la ciudad, el hombre aceptó apresuradamente intentarlo de nuevo. Trata visiblemente de satisfacerla adoptando una actitud de reserva y mostrándose incluso por debajo de sus posibilidades en la ejecución de las posturas.
De hecho, un episodio singular revela, a primera vista que su actitud de sobrecompensación neurótica se perpetúa de otra manera: al realizar la extensión completa de pierna, y discretamente, manifiesta su impaciencia. El hombre se levanta por fin y declara a la profesora que se había quedado tanto tiempo así porque, “completamente absorto” se había “olvidado del mundo circundante”. No podía ser así del todo porque había captado la impaciencia colectiva y se disculpaba del hecho. Presumía así ante la profesora de haber conseguido un eminente logro de “concentración” al superar lo que el grupo podía soportar.
En un caso de este tipo, no analizamos oralmente lo que ha ocurrido; nos parece más oprtuno aceptar el hecho tal como el grupo lo ha experimentado, y no hacer ningún comentario explicativo, tranquilizador o de otro tipo. Es importante, en cambio, que los profesores no manifiesten preferencias por ningún alumno del grupo a causa de que, aparentemente, domina mejor la técnica. No hay que permitir, no obstante, que el espectro de las preferencias y el logro gimnástico formal coincidan sistemáticamente, pues, de lo contrario, se reforzaría la actitud “competitiva” de los alumnos.
No competir con respecto a uno mismo
Hablaremos ahora de ciertas comprobaciones realizadas por la experiencia de cada uno, pues todos los individuos prestan atención a su propia experiencia.
En primer lugar, existe el fenómeno de los dos gatillos: si extiendo una de mis articulaciones y el esfuerzo lleva esta extensión al máximo posible, me percato de que, en cierto modo, es una acción dolorosa. Si, una vez aceptado el “dolor”, persevero, el mismo desaparecerá, y no advertiré ningún trastorno consecutivo al ejercicio. Supongamos que he decidido ir más lejos. El empeño me costará un nuevo “dolor”, que se percibe de una manera cualitativamente diferente que la primera vez, es distinto de ella y le sucede.
Puede ocurrir entonces que, como en el caso de la “extensión completa de piernas y espalda”, experimente un vivo dolor conforme se desplaza mi nervio ciático; es posible que al día siguiente esté desgarrado y que el esfuerzo me haya deparado más inconvenientes que ventajas;”lumbago” o incluso “ciática”. Los inconvenientes subsiguientes me enseñarán el fenómeno de los dos gatillos mejor que varios tomos de neurofisiología. El segundo gatillo y sus consecuencias actúan como exitación descondicionante en relación con la competitividad en cuanto a uno mismo. Para evitar que se repita varias veces la experiencia, conviene recordar a los alumnos que deben hacer esfuerzo, pero no de “fruncir el ceño”...
Esto quiere decir también que no se debe intentar “conseguir” un ejercicio repitiendo los intentos en el curso de una sesión. Cada uno intenta realizar un ejercicio una vez. El fracazado renuncia provisoriamente; no tiene que hacerse una nueva tentativa el mismo día.
Con el tiempo, se cobrará conciencia de las enormes variaciones personales respecto del logro formal de cada ejercicio: Durante varios años, yo me esforcé, sin mucho éxito, en ejecutar el paro de cabeza. Varios meses después de haber abandonado las asanas, lo pude llevar a cabo de pronto y sin la menor dificultad...Sucede, en cambio, que ciertos días hay posturas que la víspera eran fáciles y que ahora se han convertido en difíciles o incluso inaccesibles ¡no importa qué postura ni que día! Lo mismo es igualmente válido para la respiración y la concentración.
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