Instituto Yoga Kai Palermo Soho Buenos Aires

Director José Maureira


PRACTICAR YOGA EN LA MEDIANA EDAD

Profesorado de Yoga - Yoga Kai 2008

Autora: Silvina Gualco

e-mail:gualcosilvina@hotmail.com

             La Mediana edad es una etapa que comienza alrededor de los 35-40 años. ¿Crisis?¿ Replanteos? ¿Preguntas? ¿Balance? Todo ello y mas….es una período en que como adultos que somos atravesamos una “crisis”, entendiéndola en el sentido oriental: como peligro y como posibilidad. Es peligroso porque puede darse un estancamiento a un modelo anterior, y es una posibilidad porque esta etapa facilita el tránsito, el pasaje hacia la madurez, que evolutivamente se esta empezando a vivir.

Llegando a esta edad hemos recorrido muchas y diversas  experiencias en casi todos los planos : el familiar, el profesional, el laboral, el afectivo…

Una vez pasados los 35-40, y en adelante, lo  que algunos denominan la “crisis de la mitad de la vida”, necesariamente implica el pasaje, el tránsito desde la juventud hacia la madurez.  Y esta crisis lleva a un replanteo acerca de la identidad individual.

Es tiempo de ajustes; hacemos balance de lo que hemos hecho hasta ahora, de lo que  disponemos y de nuestras reales posibilidades, a futuro, que intuimos “acotado”.

Es hora de satisfacer anhelos postergados, de desprenderse de mandatos impuestos y dar mayor cabida a deseos personales. Hora de asumir mayor independencia y legitimar los deseos mas auténticos; hora de animarse a escuchar los propios reclamos, de conectarse con las mas íntimas necesidades.

Es tiempo de mirar hacia delante y descubrir que otra vez existe un horizonte de posibilidades, frente a las que hay que tomar decisiones.

Sin dudas, abordar este tipo de cambios es una ardua tarea, tanto para hombres como para mujeres.
         Los de “mediana edad” necesitamos re-definirnos, volvernos a       nombrar, encontrar-nos nuevos sentidos y significados.

 Necesitamos crear nuevos mapas mentales, poder nombrar como nos sentimos, “reorientar los rumbos”.
 Al transitar la mitad de la vida, nos encontramos con que se acaba la firmeza de lo adquirido y logrado hasta ese momento ( alrededor de los 40 años) y comienza otra etapa con perspectivas y posibilidades diferentes.

Esta crisis trae consigo la pregunta por el sentido…todo se pone en cuestión…así como esconde latente la ocasión y posibilidad de encontrar un nuevo sentido.

Y esta etapa, con sus cambios y su crisis, trae consigo una exigencia: la del autoconocimiento. El yo debe prestar su oído a la voz interior; el yo debe volverse hacia su orígen, hacia  la maduración del sí mismo, con la integración y aceptación de todos sus aspectos. Ardua tarea.

Uno de los mayores problemas, es que se cree que se puede dirigir esta segunda mitad de la vida con los medios, principios y recursos de la primera…Y es allí donde son necesarios los reajustes, donde es trascendente reorientar los rumbos.

¿En que consistiría entonces la crisis de la mitad de la vida? Fundamentalmente, comienza a crecer la conciencia de la propia finitud;”nos sabemos mortales”. La vida como proyecto se acorta. Y comenzamos a ser “lo que somos”, mas reales, y no ya lo que “podríamos llegar a ser”. Nos preguntamos por el sentido de la propia vida, y concebimos la vida como una respuesta siempre aproximada a esa pregunta.
         “ Bueno, este soy yo”, una respuesta adulta, que implica la vivencia legalizadora del propio yo, legitimando la propia identidad.

La vivencia mas crucial de la mitad de la vida, estaría dada por la reconciliación de uno consigo mismo; la aceptación de uno como proyecto posible, con  los recursos disponibles y las limitaciones existentes. Al descubrir y aceptar los límites que nos son propios, descubrimos una nueva dimensión de nuestra libertad.
 En la edad media se da un proceso de transformación que conduciría a la apropiación del yo. Experimentamos el sentimiento de propiedad de uno mismo; dueños de un sujeto que esta inscripto en un orden natural, pero reconociéndonos protagonistas, productores de significados.

A Carl G. Jung (1875-1961) se lo conoce como el  psicólogo de la segunda mitad de la vida y entre su vasta e importantísima obra, esta etapa es considerada en toda su magnitud y trascendencia.

  Jung considera que en esta etapa no hay que retrotraer los problemas del adulto a la niñez sino encontrar caminos para ayudarlo en el aquí y ahora. Se trata de analizar esta problemática de una manera totalmente distinta.

         Para Jung la individuación es aquel proceso que «produce un individuo psicológico, es decir, una unidad independiente e indivisible, un todo».

 Este proceso tiene 2 grandes fases: la de la expansión de la primera mitad de la vida y la de la introversión en la segunda. El hombre debe, en la primera mitad de su vida, fortalecer cada vez mas su Yo, debe encontrar su sitio en el mundo y poder afirmarse. Asi, desarrolla una “persona”, una “máscara”, un “rostro” que se amolda y acomoda a las exigencias del afuera, de su entorno. El hombre esta tan ocupado en su autoafirmación que se identifica con su yo consciente. Entonces, dado que cuida tanto fortalecer su yo y construir una persona firme, descuida otras dimensiones. Como consecuencia de esto sale a la luz la sombra, la imagen reflejada del yo, compuesta “por los rasgos del hombre en parte reprimidos, en parte no vividos del todo que desde el principio fueron en gran parte excluídos por motivos morales, sociales, educativos o de otro tipo y por eso cayeron en la represión, es decir, en la disociación”.

Por tanto, la sombra no pertenece simplemente a la parte negativa y  oscura, sino también a la positiva. El ser humano es polar, y cada polo tiene su contrapuesto; cada cualidad tiene su opuesta, y cuando mas un hombre cultiva una cualidad, su contraria actúa mas fuertemente en su inconsciente. Y junto a la sombra personal, el hombre tiene en sí mismo una sombra colectiva en la que esta incluída todo lo malo y oscuro de la historia de la humanidad; la sombra colectiva es una parte del inconsciente colectivo en el que se acumulan las experiencias de la humanidad  y que encuentran su expresión en los mitos, los arquetipos y los símbolos religiosos.
 A este inconsciente colectivo pertenecen el “anima” y el “animus”, símbolos de lo masculino y lo femenino, de lo maternal y lo paternal.

En la primera mitad de su vida, el hombre esta ocupadísimo con la autoafirmación, se identifica totalmente con su yo conciente, y su inconsciente deja en sombra al “anima” sin sufrir daños graves. Pero esto cambia en la segunda mitad de la vida: el hombre ahora debe integrar en sí mismo su anima y su animus, para retraer sus proyecciones y hacer luz en aquellos aspectos negados hasta ahora. El Yo debe volverse a su orígen, hacia el “si mismo” y ganar desde él nuevas fuerzas vitales.

Para Jung, el desarrollo del sí mismo es el objetivo de la individuación. Define al si mismo como “la totalidad psíquica del hombre”. Mientras el Yo es solo  lo conciente y la sombra es lo inconsciente, el sí mismo comprende a ambos: lo inconsciente y ,l conciente. El hombre debe desarrollarse desde el Yo al si mismo. Y esto sucede en la medida en que cada vez mas lo inconsciente se haga conciente y se integre.

Para Jung, la mitad de la vida, entre los 35 y 45 años aproximadamente, constituye esa etapa de cambio en que el desarrollo del Yo se tiene que transformar en la maduración del sí mismo.

Jung compara la vida humana con el recorrido del sol: por la mañana asciende e ilumina el mundo, al mediodía alcanza su cenit y sus rayos comienzan a disminuir y decaer. Así, la tarde es tan importante como la mañana, pero sus leyes son distintas.
Para el hombre reconocer esta curva vital significa que, desde su segunda mitad de vida, ha de ajustarse a la realidad interior en lugar de a la realidad exterior.  Ahora se impone la reducción a lo esencial, el camino hacia lo interior; la expansión debe dejar paso a la introversión.

Según Jung, los problemas con que tropieza el hombre en esta etapa de la vida , y en los que tiene que empeñarse son: la relativización de su persona, la aceptación de la sombra, la integración del ánima y del ánimus y el desarrollo del si mismo en la aceptación de la muerte y en el encuentro con Dios.
Al brotar el inconsciente, el hombre queda desorientado, pierde el equilibrio. Debe prestar su oído a la voz interior y ocuparse de desarrollar su personalidad interior.

Y como la contradicción y polaridad es esencial al hombre, deberá desarrollarse hacia el sí mismo integrando las contradicciones en lugar de eliminarlas. La mitad de la vida exige volverse a los polos contrarios, aceptar la sombra no vivida y confrontarse, no se trataría de una conversión a lo contrario, sino del mantenimiento de los valores antiguos a la vez que se reconocen e integran sus contrarios. Se debería intentar un diálogo mas coherente entre aspectos antagónicos y contradictorios.

Jung llama a los rasgos, propiedades y principios femeninos “anima” y a los masculinos, “animus”. En la primera mitad de la vida se desarrolla mas solo una parte, mientras que la otra queda reprimida en el inconsciente. Si el varón acentúa solo su masculinidad, el ánima se retira al inconsciente y se manifiesta en caprichos y afectos vehementes. Entre las mujeres, el animus reprimido se evidencia en opiniones tenaces e incuestionables. En esta etapa se tratara de reconocer e integrar ambas energias: lo que el varón tiene que aprender a  hacer con su anima, la mujer lo tiene que aprender a hacer con su animus, como puertas de entrada a su propio inconsciente y como posibilidad para aprender a conocerlo mejor.

Por último, Jung plantea que el verdadero problema con el que se enfrenta el hombre en la mitad de la vida es, en última instancia, su actitud ante la muerte; hay que familiarizarse con la muerte. Y según él, el hombre solamente puede desarrollar su si mismo cuando experimenta en sí lo divino, experimentando la renovación. El hombre desde la mitad de la vida debe, según la exigencia de Jung, dedicarse con todas sus fuerza espirituales a la tarea de ser si mismo.

El proceso de transformación en la mitad de la vida conduce a la apropiación del yo. Se promueve el sentimiento de propiedad de uno mismo, es decir, dueño de un sujeto que a su vez esta regido por una legalidad que no es producida por él. Apropiarse de uno sería reconocerse inscripto en un orden natural. Uno integra un orden natural y biológico, no solamente un orden histórico ,racional y personal. Uno registra que forma parte de un orden cósmico-biológico regido por leyes universales. Un universo donde mi cuerpo forma parte de un orden natural; nuestro cuerpo forma parte de un universo de cosas vivientes, de un todo, donde todo lo que exista cumple un ciclo.

Considerando todo lo planteado en relación a esta etapa crucial de la vida adulta, es que puede comprenderse mejor algo que viene sucediendo hace tiempo: la gente de la mediana edad es mayoría en las prácticas de yoga. Pareciera que este replanteo trascendente y de sentido que vamos atravesando los de la mediana edad, nos lleva a elegirla como disciplina privilegiada. ¿Por qué?

    La palabra yoga, que proviene del sánscrito, etimológicamente significa “yugo”, “unión”  y tiene como objetivo unir. Yoga es unión, reunir en un haz distintos aspectos o elementos. La insistencia en el aspecto de unión indica que esa unión se ha perdido y que, en el devenir de las cosas, de la unión hemos pasado a la dispersión o des-unión. Es una unión que nos mueve y nos prepara para la vida alineando los aspectos que nos constituyen.

El mundo es dualidad, es el campo de acción de los pares de opuestos. Corresponde al yoga, como sistema de conocimiento que no se ha detenido en el tiempo ni en el mundo de las ideas, sino que ha puesto en práctica técnicas adaptables a cualquier ser humano, el haber intentado resolver el problema de la separación, del aislamiento, ofreciendo el sentido y la posibilidad de la UNION desarrollando una serie de prácticas cuyo significado es el de reunir cuerpo, mente y espíritu.

El Yoga parte de la polaridad humana y acepta la dualidad como parte constitutiva del ser (femenino- masculino, material- espiritual, ida –píngala, solar-lunar etc), y será la aceptación e integración de ellas uno de sus objetivos principales.

 La personas que recurren al yoga desean transformar un estado de dispersión en un estado de equilibrio y de concentración interna. Ese estado activa un cambio profundo, difícil de explicar con palabras, comienzan a activarse aspectos sutiles, trascendentes. Comienza a hacer su aparición el aspecto espiritual, clave sobre todo en la mitad de la vida y su crisis de sentido.

Las posturas o asanas del Yoga representan un elemento valioso para lograr la recuperación del orden físico- psicofísico y mental. A través del cuerpo y sus movimientos, con el acompañamiento constante de la respiración , accedemos con mas facilidad a la mente, comenzamos a “ver”.Al encontrar esa libertad, nuestro cuerpo mental comenzará a funcionar en nuevas condiciones. Estará mas estable y en paz
          Mediante las ásanas, posturas específicas del hahta yoga, realizadas con percepción interior (pratyahara) y concentración interior (dharana), favorecemos la introversión, ,el autoconocimiento y “la vuelta hacia nuestro interior” , aquel “si mismo” que proponía Jung.

          Se considera al Yoga como el sendero que conduce al hombre hacia su desarrollo integral. El yoga como disciplina, con sus principios y reglas brinda al hombre un encuadre vivencial para alcanzar el autoconocimiento , integración y desarrollo personal. Le permite explorar en su interior, desbloquearse energéticamente y descubrir su esencia, para poder manifestarse en plenitud.

 Uno de los propósitos fundamentales del Yoga es también la longevidad y salud, para que el ser humano disponga de más tiempo para alcanzar la sabiduría y plenitud, con un cuerpo fuerte y sano.

El yoga es ,sin dudas , un camino de mejoramiento y transformación, que favorece la evolución espiritual y nos posibilita armonizar todos los patrones de la existencia. De ahí su “consonancia” y su relevancia en una etapa como la mitad de la vida.

Tal como se esta practicando, Yoga tiende a promover las condiciones para ingresar a un estado mas atento, coherente, integrado y centrado de la personalidad. Es una actividad que propicia cambios o transformaciones, y apunta al conocimiento de si mismo; a darse cuenta de quien uno es.

El Yoga nos posibilita el proceso de conocernos a nosotros mismos, y de conocer la Realidad. La integridad en medio del cambio se produce en la medida en que recuperamos la noción de conciencia, de estar presentes. Poco a poco, a partir de las prácticas y las técnicas, logramos ir estableciendo la alineación de todos los aspectos que se conjugan en un ser humano, cuerpo, mente y espíritu.

Yoga es unión, es “uncir los bueyes al carro” en la forma correcta para que el carro pueda llegar a destino.  No nos propone solamente quedar “uncidos”, nos propone hacer el camino.

Yoga es aquello que nos une, que nos despierta y que nos mueve.

Con el tiempo, el yoga nos posibilitará ir desarrollando esa mirada o capacidad interior, con la que iremos acrecentando nuestra conciencia del cuerpo para saber reconocer nuestra realidad. Y desde alli, progresaremos hacia la conciencia del espacio interior, del sí mismo, afinando cada vez mas nuestra conciencia y el “darnos cuenta”. La posibilidad de “darnos cuenta” genera una nueva situación: la de integración, que no es mas que el sentido de unidad.

Mientras transitamos esta corriente de conocimientos y de prácticas, nos vamos acercando a un mejor conocimiento de nosotros mismos y de nuestra humanidad.

Bibliografía:

- “¿Que es Yoga”, de Karin Larsson, Ed. De los cuatro vientos.
- Los cambios en la vida de las mujeres, de Coria, Freixas y Covas. Ed. Paidos.
- La mujer transgresora, de L. Mizrahi, Ed. Nuevohacer.
- La mitad de la vida coma tarea espiritual, de Anselm Grüm, Ed Ágape.
- La travesía por la mitad de la vida, de Guillermo Montero, Ed. Homosapiens.

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